La furia económica del mundo digital fue pasando y es el tiempo de la nostalgia. De la necesidad del límite como un estímulo para la explosión creativa (las infinitas posibilidades son un abismo temible), mientras que la película se reivindica por las alternativas que provee a nivel del lenguaje y la aparición en el mercado de nuevas cámaras polaroid, aunque con la misma tecnología de siempre.
La polaroid se vuelve un objeto preciado. Medir, probar y recién ahí disparar. El frenesí de la prueba y el error, y pensar que nos queda un último disparo en el cartucho de 8 fotos, nos llevar a experimentar con una pasión sin precedentes cada exposición.
MÁS ALLÁ DE LO IMPRESO
Ahora bien, la calidad expone, entre otras cosas, un discurso de poder. Nos habla del nivel de medios que poseemos o carecemos, y nos cuenta sobre aquel que nos habla, de aquel que enuncia: cuanto más cercano, más empático en nuestras necesidades y problemas. Cuanto más horizontal, más eficiente.
En esta revuelta técnica, la POLAROID cobra un valor múltiple: instantaneidad, look símil filtro de instagram (actualidad), y poseer la condición de objeto, palpable, consumible, un respiro entre tanta Matrix.
No obstante, esta falta de resolución que queda expuesta en la fotografía polaroid, en comparación con la fotografía digital, nos permite relajarnos respecto los contornos hiper-definidos, los colores fieles, disfrutando de manchas orgánicas que poco extrañan al ruido digital de una ambiciosa ISO.
Nuestro ojo refinado y rigurosamente educado por el monopolio digital de los últimos años, empieza a perder referencias entre aquellas formas que han logrado escapar otra vez del píxel, trayéndonos un aire fresco, una propuesta de algún tipo de libertad. Lo borroso proyecta una magia en nuestra percepción y las limitaciones técnicas de las tomas, estimulan la idea de plenitud, por encontrarnos ante un soporte llevado a su extremo expresivo.
DE WARHOL A TARKOVSKI
Actualmente, el mercado POLAROID encuentra asidero en la nostalgia de la que hablamos, ofreciendo cierta variedad de cámaras y cartuchos de papel tanto color como B&N.
Si bien la POLAROID ha sido fundamentalmente, constructora de la memoria familiar, algunos artistas se han animado y han generado un lenguaje aprovechando el misticismo de tan particular soporte.
Taschen ha sacado hace unos años ya, una publicación en la que se recorre la historia de la polaroid y recientemente ha salido a la luz una colección privada del genial cineaste Andrei Tarkovsky.